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Historia

El origen

El ser humano siempre ha mostrado interés por dejar constancia de sus logros y hazañas. Quizás, este fue el motivo principal para que las primeras personas que se aventuraron a subir las montañas, comenzaran a dejar un libro en sus cimas, el libro de cumbre, en el que dejaban por escrito las aventuras y desventuras vividas durante su ascensión. Después, cuando otro montañero ascendía esa misma cumbre, cogía el libro y escribía en otra hoja su experiencia y volvía a dejar el libro lo más protegido posible de las inclemencias del tiempo a la espera de que llegara un nuevo aventurero.

Gracias en gran medida a la labor de algunos grupos de montaña, esta práctica no ha desaparecido del todo y aun podemos encontrar en las cimas de nuestras montañas alguno de estos libros.

Libro de Cumbre localizado en el Alto de Guajara (2717 m) colocado por 'Unión Montañera Añaza' de Tenerife.
Libro de Cumbre localizado en el Alto de Guajara (2717 m) colocado por 'Unión Montañera Añaza' de Tenerife.
Libros de Cumbre localizados en el Pico la Polinosa (2160 m).
Libros de Cumbre localizados en el Pico la Polinosa (2160 m).

La actualidad

Sin embargo, con el paso del tiempo fue surgiendo otra nueva costumbre, la del buzón de cumbre. En lo alto de los picos se instala un buzón en el que las personas que llegan a la cima, dejan una tarjeta. Esta tarjeta en realidad, es una versión reducida del libro de cumbre y se la conoce como tarjeta de cumbre. En ella se suelen indicar datos relativos a la actividad realizada, como son la fecha, los integrantes, las condiciones meteorológicas,... sin olvidar los datos de contacto, para que las siguientes personas en llegar al buzón, puedan recoger esa tarjeta y enviarla por correo o entregarla en mano a sus dueños. Eso sí, antes de marchar, dejarán su propia tarjeta a la espera de que alguién más la recoja y se la envíe a ellos.

Actualmente esta costumbre está bastante más arraigada, y cada año se instalan nuevos buzones. Los hay de todas las formas y materiales. Desde los más elaborados en hierro o aluminio y que son muy fáciles de localizar, a los más caseros que pueden ser sencillamente un bote de plástico o un tarro de cristal, escondidos entre un montón de piedras (hito o jito) o alrededor del vértice geodésico y que a veces cuesta un poco más encontrar.

Buzón de Cumbre situado en el Pico El Oso (2025 m), colocado por 'Grupo de Montaña Ibice' de Oviedo.
Buzón de Cumbre situado en el Pico El Oso (2025 m), colocado por 'Grupo de Montaña Ibice' de Oviedo.
Buzón de Cumbre situado en El Neverón de Urriellu (2559 m), colocado por la asociación 'ADN Astur' de Avilés.
Buzón de Cumbre situado en El Neverón de Urriellu (2559 m), colocado por la asociación 'ADN Astur' de Avilés.

Para mucha gente el llegar a una cumbre, buscar su buzón y abrirlo para ver si tiene alguna tarjeta supone un aliciente más a la hora de realizar una ascensión. De todas formas, como casi todo en esta vida, aparte de sus seguidores esta costumbre también tiene sus detractores. Su argumento principal es que los buzones son elementos artificiales colocados por el hombre que no tienen nada que ver con el entorno donde están colocados.

Los miembros de Buzones de Cumbre, evidentemente, estamos entre el grupo de los seguidores, pero a través de la colocación de buzones de cumbre virtuales nos gustaría llegar también a algunos de los detractores...y quién sabe si algún día conseguimos que se aficionen y ¡empiezan a usar también los buzones físicos!